viernes, 9 de octubre de 2009

Live: The Gossip - Heavy Cross

The Gossip estuvo con Jimmy Kimmel y tocó el tema “Heavy Cross”.

lunes, 5 de octubre de 2009

Video: “We Were Aborted” - The Cribs (en vivo con Jools Holland)

Los chicos de The Cribs estuvieron recientemente en el show Live Later con Jools Holland, presentando su nuevo material Ignore The Ignorant y a continuación les traemos parte de su show, se trata del sencillo “We Were Aborted”, me ha gustado que parece que ahora la banda (con nueva alineación) tiene mucho mas fuerza en vivo, la ultima vez que pude verlos en directo realmente me parecieron aburridos.

Fan de Metallica a los 85 años



Se llama Margaret Priebe, tiene 85 años y es fan de Metallica. El año pasado venció la batalla contra el cáncer. La música era su acompañante en los duros momentos en los que padecía esta enfermedad. Siempre se la veía con los cascos puestos. Curiosamente en 1999 descubrió por la radio a Metallica y su disco S&M. Aunque asegura que antes nunca escuchó música de ese tipo, grupos como Judas Priest u Ozzy Osborne se unieron a sus listas de reproducción.

Una vez superado el cáncer, Margaret siguió escuchando este tipo de bandas y Metallica su preferida. Llamó por teléfono a la radio 98 Rock Thursday Night y el equipo le prometió que iba a conseguirle unos pases para conocer al grupo.

Finalmente el encuentro se produjo el pasado 3 de octubre en el backstage del St. Pete Times Forum de Tampa, Florida. La banda pasó tiempo con Margaret, incluso en el propio concierto que realizaron después James Hetfield le dedicó la canción “Nothing Else Matters”.

Sin duda una bonita historia.

sábado, 3 de octubre de 2009

Vídeo: “Underdog” - Kasabian

No cabe duda que los comerciales a veces pueden ser los mejores amigos de los músicos. Y es que, aunque siempre existe el riesgo de terminar hartando al público, a veces estos también pueden ayudar a posicionar a un grupo o a una canción.

Eso fue precisamente lo que pasó con Kasabian y el que parece será el nuevo sencillo de su producción West Ryder Pauper Lunatic Asylum. Hablamos del tema “Underdog”, el cual apareció con gran éxito en un comercial de una importante marca de televisores.

Ahora el grupo acaba de lanzar su vídeo promocional, que consiste en imágenes detrás de escena y en concierto grabadas durante el último tour de la banda. Sin duda una manera simple pero efectiva de promocionar una canción, aunque no deja de ser interesante para los fans que como yo tienen una especial predilección por los detrás de cámaras.

viernes, 2 de octubre de 2009

Crítica de REC2 en Jenesaispop....



El cine español, porque mal que les pese a algunos aquí también hacemos cine, tenía una asignatura pendiente: las segundas partes. El mito maldito del celuloide, la temida continuación, nunca ha tenido buenas críticas, aunque como bien decía Kevin Williamson en boca de un personaje en ‘Scream 2’, en la Historia son varias las que se han salvado de la quema. Títulos como ‘El Padrino 2’, ‘El Imperio Contraataca’ o ‘Aliens’ superan a la original y eso es indiscutible. Pero por estos lares todavía teníamos clavada ésa espina, ya que si hacemos memoria, en nuestro país las secuelas se han limitado a aprovechar cuanto antes un éxito de taquilla (todos lo hacen, tampoco es un reproche) en lugar de preocuparse por dar una continuación artísticamente digna a un producto que ha calado. La lista de decepciones y desatinos es larga: ‘La familia y uno más’, ‘El Lute 2: mañana seré libre’, ‘Solo quiero caminar’, ‘Perros callejeros II: Busca y captura’, ‘El Pico 2’, ‘Semos peligrosos (useáse Makinavaja 2)’, ‘Torrente 2 Misión en Marbella’… ¿Seguimos? Pues sí, ya que con ‘[Rec] 2’ ha llegado por fin la excepción que confirma la regla.


Que en JNSP somos fans del universo zombie tampoco es ningún secreto. Entre nuestras películas favoritas se encuentra en puesto de honor ‘Shaun of the Dead’ (traducida en España como ‘Zombies Party’) y uno de nuestros festivales fetiches es el Primavera Sound. Creo que esto lo dice todo. Así que con razón lo pasamos tan mal, en el mejor sentido de la palabra, con la primera parte de ‘Rec’, que llegó a provocar la noche que la vimos ataques de ansiedad y nos tuvo durante meses impidiéndonos subir a ninguna casa si no había luz en el portal. Somos así de excesivos, qué le vamos a hacer. Sin duda ayudó a alimentar nuestra particular obsesión, y mucho, el impagable factor sorpresa del filme, el mismo que Paco Plaza y Jaume Balagueró no podían utilizar para su secuela y que, afortunadamente, les ha obligado a exprimirse la cabeza lo suficiente como para ofrecernos una impredecible vuelta de tuerca al género que, si te la crees, te hará disfrutar tanto o más que la anterior. Que las cámaras en primera persona y los vecinos con la cara sangrienta ya no eran suficientes. Por eso sólo os voy a decir que, en cierto modo, Enjuto Mojamuto también mentía.

Aunque la verdadera inteligencia de esta segunda parte radica, más que en su giro de guión, en que sin repetir fórmulas anteriores no traiciona para nada el espíritu de la original. Vale que en lugar de bomberos hay G.E.O., y que en lugar de una periodista profesional obsesionada con grabarlo todo (joder) los que informan son un grupo de chavales fans del fenómeno ‘Callejeros’. Pero sólo son distintos personajes en un mismo escenario. Lo importante es aquello que les hace reaccionar y actuar como lo hacen. El por qué detrás de ese infierno vecinal. Descubrir que el viento que se aleja del universo George A. Romero lo hace, no por capricho, sino para soplar con más fuerza en la cara de William Friedkin. ¡Zas, en toda la boca!

Y escalón arriba, escalón abajo, la película se va terminando. Es entonces cuando te asustas al comprobar que a lo largo del metraje el miedo irracional ha compartido espacio con la carcajada y que tampoco te ha importado. Que ni siquiera te ha dado vergüenza aplaudir, sobre todo cuando (esto no es ningún spoiler) Manuela Velasco, algo así como la Teniente Ripley del cine patrio, hace su aparición estelar. Que ese final pensado para una tercera parte, lejos de molestarte, te gusta por irracional y porque abre la puerta a más diversión en el futuro. Pero sobre todo, y esto sí que es del género fantástico, que por una vez has pagado una entrada y nadie te ha tomado el pelo. Suspiros de España. Y olé. 8,5

Los 50 mejores vídeos musicales de la década según Pitchfork

A Pitch­fork, siem­pre le ha gus­tado hacer lis­tas, de las mejores can­ciones del año o de la década, de los dis­cos que debes oír, etc. (todas las podéis encon­trar allí) y ahora le ha lle­gado el momento a la lista de los 50 mejores vídeos musi­cales de la década.

Como todas sus lis­tas, siem­pre habrá dis­cusión (El número dos es una broma?) ¿Por qué éste vídeo está el número 4? ¿Por qué no aparece tal vídeo? Pero en ésta ocasión, parece que han acer­tado bas­tante al menos en la recopi­lación (que no en el orden) aunque de nuevo ( y yo el primero) echare­mos de menos alguna creación.


Ésta es la lista ordenada del 50 al uno.

Echando una ojeada nos encon­tramos una mez­cla de esti­los con­sid­er­able (Kylie Minogue, Justin Tim­ber­lake con Vitalic o MGMT), pero eso es cierto: cualquier estilo musi­cal hace buenos vídeos. Pero la música indie, parece que se lleva la glo­ria, ocu­pando la may­oría de los puestos.


Una cosa curiosa, es la gran can­ti­dad de vídeo­clips ret­ros, sobretodo de estética ochen­tera con píx­e­les o per­son­ajes de los 80. Por ejem­plo la locura de Fly­ing lotus en el 50 o de Escort. Y muy pocos con efec­tos espe­ciales puros y duros. Destaca el de N.A.S.A. con robots y Wan­der­lust de Bjork. Aunque si muchos de ellos intro­ducen pequeños detalles como LCD Soundsys­tem, Radio­head, Fat­boy Slim o Jus­tice.

Como se ve, los habit­uales buenos creadores de vídeos, están pre­sentes. Y es que hacer un buen vídeo musi­cal de la can­ción que quieres pre­sen­tar, es vital para darte a cono­cer. Una can­ción buena, fun­ciona por ella misma, pero si además le añades unas imá­genes que te causen alguna reac­ción y que den lugar a comen­tar­ios, el nivel de pop­u­lar­i­dad aumenta.
Por ejem­p­los, vídeos extraños o curiosos, donde parece que lo visual se sep­ara de lo audi­tivo tam­bién están en la lista y son de los mejores en mi opinión como Fever Ray, Boards Of Canada, Griz­zly Bear o The Avalanches.
Y tan sólo cua­tro artis­tas, han con­seguido meter dos vídeos en el top 50: The Chem­i­cal Broth­ers, Bjork, The Avalanches y Jus­tice.

Merece la pena ver algunos , sino tienes mucho tiempo ve directo a los 10 primeros. Hay verdaderas Joyas.

jueves, 1 de octubre de 2009

20 años del debut de The Stone Roses: El tiempo nunca se equivoca



Este mes se cumplieron dos décadas del debut homónimo de The Stone Roses, un clásico que encarnó como ningún otro el espíritu de la era del acid house en la floreciente Manchester. Once magníficas canciones que definieron gran parte de lo que saldría musicalmente de la isla durante los’90, pero cargan con el estigma de ser casi el único registro de una banda que no logró superar sus rencillas internas.

Cualquiera que haya ido a una protesta, sabe que las frutas cítricas son excelentes aliadas a la hora de capear el efecto de las bombas lacrimógenas. Más que un capricho estético -o un mero adorno- los limones en la portada del debut de The Stone Roses representaban el hastío de una generación que había pasado su adolescencia bajo el yugo del thatcherismo, con su ímpetu juvenil ahogado en un mar de abulia. Pero los ‘80 se extinguían y, con ello, también el mandato de la Dama de Hierro. Aunque los conservadores seguirían en el poder, Inglaterra emanaba cierto hálito de cambio. La aparición de unos portavoces resultaba urgente; no se necesitaban revolucionarios, pero sí reformistas, capaces de deconstruir los códigos existentes y establecer símbolos propios.

Desde el primer impacto visual, el de su carátula, la ópera prima de los mancunianos declamaba la fundación de otro orden. Diseñado por John Squire, guitarrista del grupo, el frontis del álbum tenía una primera mano de pintura sicodélica, con un zarpazo de los colores de la bandera británica encima. Un mensaje directo al país, proveniente de una banda que -desde el momento de la grabación- confiaba tener las canciones que musicalizarían un segundo aire para el rock inglés. Todo calzaba a la perfección: su ciudad de origen, la variedad en la despensa de inspiraciones, el narcótico latido de sus canciones y hasta el peinado de sus integrantes. Cada objeto del conjunto configuraba la buena nueva de que nada volvería a ser igual, porque cuatro veinteañeros hicieron posesión de una exquisita herencia y la habían devuelto convertida en la última hazaña de una década que ansiaba reivindicarse.

¿Por qué ellos y no otros? En 1987, Primal Scream emergió con Sonic Flower Groove, una placa en la que se reconocían varios de los sortilegios con los que The Stone Roses hechizarían al planeta. Tenía ensoñaciones pop y sicodelia por doquier, además de una frescura incontestable, pero no logró posicionar a los escoceses en la historia. Los caprichos del tiempo les jugaron en contra. Dos años después, la eclosión del house y el fenómeno Madchester propiciaban el escenario perfecto para que Ian Brown, Mani, Reni y John Squire cambiaran a su antojo las reglas del juego. Su fortuna era merecida; durante sesiones de trasnoche (de siete de la tarde a siete de la mañana) y colosales ingestas de marihuana, habían dado a luz al disco perfecto en el lugar y la hora precisos.



El manoseado concepto de “banda sonora para una época” encontró su definición por antonomasia en el debut de este grupo que, para coronar sus ventajas, contaba con una formación rebosante de mística. Brown era un frontman dueño de la situación, arrogante, magnético y entrañable; Squire, un virtuoso de la guitarra cuya escuela fluctuaba entre Hendrix y Marr; Mani tenía tanto groove como un negro y siempre se caracterizó por su carácter amable (era el favorito de los periodistas); y Reni aportaba sus infinitos dotes rítmicos, que resultaron imprescindibles en la conjugación de rock con música de baile. Oro puro. “El pasado es tuyo, pero el futuro es mío”, clamaban en “She bangs the drums”. La celebrada frase no podía ser más profética. Aunque su esplendor fue breve, el legado del cuarteto sentó las bases del britpop y dictó las leyes sobre cómo debían comportarse las bandas inglesas.

Producido por John Leckie (quien había trabajado para Lennon y McCartney, -por separado- además de XTC y The Fall, entre otros), el debut de The Stone Roses fue una anomalía para el indie, que por primera vez tenía entre sus filas a un exponente tan deseoso de masividad. La obra era el encuentro con el desencuentro; la hija del desdén hacia la inventiva y de un exuberante perfeccionismo, el mismo que luego terminaría jugando un rol importante en su temprana disolución. En pocas palabras, el clímax de un estilo que llevaba cinco arduos años siendo pulido y de la vida creativa de quienes lo crearon. El homónimo elepé se convirtió en la clase de disco del que es imposible hablar sin caer en clichés, y lo hizo a través de un mensaje humanista, proletario y post-adolescente. Un repertorio que no sabía de limitaciones, en el que cualquier estado emocional se encontraba a su alcance. Con la misma facilidad, sonaban vulnerables en “I wanna be adored”, deslumbrados en “She bangs the drums” e invencibles en “I am the resurrection”. Canciones que jamás perdían un ápice de altura, ni siquiera reproducidas en reversa, como ocurría con “Don’t stop”, que usaba la pista instrumental invertida de “Waterfall” (un truco del manual de The Beatles, que utilizaban desde que Peter Hook les produjo “Elephant stone” y que luego repitieron en el single de la estremecedora “Made of stone”).

Dos agitadas décadas han transcurrido desde la edición de este álbum, considerado por muchos como el mejor de los ‘80 -e, incluso, el mejor debut de la historia-, y nadie ha podido superar al mito de The Stone Roses. Ian Brown es mencionado en las oraciones de miles de vocalistas, con su nombre reemplazando al de Dios en el Padrenuestro, mientras rezan para apegarse a su imagen y semejanza. Los cuatro de Manchester lo hicieron todo, sin temor a nada. Desafiaron al poder de la prensa musical británica, que sólo le brindó una tibia recepción al elepé, y mancomunaron los rasgos que debe tener una banda para convertirse en el paradigma de su época. Un hito generacional de infinitos efluvios, cuyas reminiscencias directas todavía no conocen equivalente, porque continúa siendo la última actualización del manual del pop clásico y los años le siguen dando la razón. El tiempo nunca se equivoca.